Fiesta de la Visitación de la Virgen María

Fiesta de la Visitación de la Virgen María
 
 
El Saludo de María Santísima a su prima Santa Isabel
 
 
 
 
 
MONICIÓN DE ENTRADA
 
Hoy, fiesta de la visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel, contemplamos a María que ha recibido la visita del ángel Gabriel, ha dicho "SÍ" y la Palabra de Dios se hace carne en ella. Es la palabra que ya está llegando al mundo y los pobres, los marginados, unos pocos creyentes en Israel son los únicos que se dan cuenta de esa presencia que está creciendo en María.

Especialmente, para los Misioneros de los Santos Apóstoles (MSA), esta fiesta tiene importancia ya que uno de los aspecto de nuestra espiritualidad es vivir con ese ánimo del Magnificat. Nosotros, los MSA, hemos recibido, como María, la Buena Nueva del Espíritu y proclamamos sus maravillas en nuestro vivir fraterno como MSA. Celebremos esta fiesta con la disposición de María, Proclama mi alma la grandeza del Señor.

 

    

 

 

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso, Tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante nuestra vida. Por Nuestro Señor Jesucristo.

Se dice «Gloria».

 

 

PRIMERA LECTURA

Carta de San Pablo a los Romanos 12,9-16.

Amen con sinceridad. Tengan horror al mal y pasión por el bien. Amense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos. Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Señor. Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Consideren como propias las necesidades de los santos y practiquen generosamente la hospitalidad. Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca. Alégrense con los que están alegres, y lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios.

O bien:

Isaías 12,2-6.

Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación.
Ustedes sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación.
Y dirán en aquel día: Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso: ¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel!

 

Lectura del Santo Evangelio

Evangelio según San Lucas 1,39-56.

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor". María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre". María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

 

 

Oración de los Fieles

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

 

R./ Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia. R./

Palabra eterna del Padre, que enseñaste a María a escoger la parte mejor, ayúdanos a imitarla y a buscar el alimento que perdura hasta la vida eterna.  R./

Salvador del mundo, tú que con la eficacia de tu redención preservaste a tu Madre de toda mancha de pecado, líbranos también a nosotros de toda culpa. R./

Redentor nuestro, tú que hiciste de la inmaculada Virgen María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del Espíritu Santo, haz también de nosotros templos de tu Espíritu.

Padre Eterno, que hiciste que María proclamara tus grandezas, concédenos también a nosotros proclamar las maravillas que haces en cada hombre que vive tu palabra. R./ 

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor escucha nuestra súplicas por medio de Tu Hijo que nació de tu escogida la Virgen María, El que vive y Reina por los siglos de los siglos. AMÉN.

 

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